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Las noticias falsas más trascendentales de la Historia

Las noticias falsas y la propaganda siempre han existido. No son algo nuevo de la era de Donald Trump, de la Rusia de Putin o de partidos de extrema derecha de nuevo cuño. Tampoco nacieron con las redes sociales.  Siempre existieron y ya hubo quienes las utilizaron para influenciar en la opinión pública o para desprestigiar a algún adversario. 

Octavio vs Marco Antonio

 

Puede que sea una de las primeras gran campaña de propaganda de la Historia, o al menos de la Edad Antigua. Julio Cesar ha sido asesinado y el futuro del mundo romano se decide entre la Roma imperial o la República; entre el amigo personal de Julio César, Marco Antonio o el sobrino del emperador asesinado, Octavio Augusto.  Es en este contexto en el que Octavio lanza una campaña de desprestigio a contra Marco Antonio. Desde acusarlo de extranjero porque vive en Egipto y está unido a Cleopatra, pasando por acusarle de incumplir las leyes romanas hasta llegar a difundir falsedades en forma de frases distribuidas en monedas que van pasando de mano en mano.. 

El Gran engaño de la Luna

En 1835 The New York Sun publicó una serie de seis artículos con los que anunciaba el descubrimiento de vida en la luna. Supuestamente, los artículos se habían reimpreso de una publicación científica, Edinburgh Journal of Science.  Su autor era el doctor Andrew Grant, descrito como colega de Sir John Herschel, un famoso astrónomo de la época, y según Grant, Herschel había encontrado evidencias de formas de vida en la luna. Estas evidencias incluían animales fantásticos y humanoides peludos.  Los artículos tuvieron gran impacto y las ventas se dispararon. El problema estaba en que nada era cierto. El Edinburgh Journal había dejado de editarse años antes y Grant era un personaje ficticio.   Se cree que los artículos fueron realmente escritos por Richard Adam Locke, un reportero formado en Cambridge. Concebidos como sátira, Locke pretendía burlarse de las especulaciones sobre la vida extraterrestre de algunos escritores científicos de la época.

La explosión del USS Maine

El dos de febrero de 1898 se produjo una explosión en el acorazado de la marina estadounidense USS Maine que estaba fondeado en el Puerto de La Habana (Cuba).

 

En un periodo de tensiones entre España y Estados Unidos por la influencia en América Latina y el Caribe, pronto la prensa amarilla empezó a usar el accidente para vender más periódicos y aumentar el beneficio.

 

El New York Journal (del magnate William Randolph Hearst) fue el más beligerante y publicó noticias falsas acusando a la corona española de la explosión en el acorazado. 

 

La presión popular en Estados Unidos hizo que el presidente McKinley pidiera autorización al Congreso para utilizar la fuerza armada en Cuba.

 

El 25 de abril de 1898, el Congreso de los Estados Unidos de América declaró el estado de guerra con España y España respondió con reciprocidad.

 

Es el inicio de la Guerra de Cuba. Y el final de las colonias españolas del ultramar en América y Asia.

 

Sin embargo, no hay ninguna investigación que haya demostrado que la destrucción del USS Maine fuera causada por una explosión externa al interior del propio buque.

 

Todavía hoy sigue sin saberse del todo cómo se detonó la explosión dentro del buque de guerra. 

La fábrica de cuerpos alemana

 

Durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial, la propaganda británica se centró en demonizar a los alemanes. En 1917, diarios como The Times and The Daily Mail publicaron artículos alegando, que, debido a la escasez por el bloqueo naval británico, los alemanes estaban utilizando los cuerpos de sus soldados muertos para extraer la grasa y producir carne para los cerdos.  Los artículos tuvieron gran eco incluso en la Segunda Guerra Mundial, especialmente cuando se empezaron a conocer las atrocidades del Holocausto, ya que toda la desinformación de las publicaciones de la Primera Guerra Mundial hizo que se dudara de las primeras informaciones sobre las atrocidades que la Alemania Nazi estaba perpetrando. 

La Guerra de los Mundos

 

 

Es la primera gran demostración sobre el poder la radio como medio de comunicación de masas. También, es la primera vez que se comprueba eso que se conoce como la credulidad de las masas. Desde un punto de vista sociológico, un evento apasionante.

 

Era el 30 de octubre de 1938 y en Nueva York, desde los estudios de la emisora radio de la CBS, Orson Wells interpretaba para la radio La Guerra de los Mundos de H.G. Wells.

 

Se aviso al inicio y a la mitad de la representación que era una adaptación de una novela de ciencia ficción, pero no fue suficiente.

 

La adaptación teatral de la obra para la radio se fue de las manos. Probablemente porque muchos oyentes sintonizaron tarde la emisión.  La lectura de la obra de Wells creo el pánico en la audiencia. 

 

Se calcula que unos 12 millones de oyentes escucharon la representación de esta ficción.

 

El resultado fue personas huyendo de sus casas en pánico, comisarías de policía desbordadas, colapso de estaciones, carreteras, hospitales; y teléfonos de emergencias saturados por el volumen de llamadas

La Propaganda de la Alemania Nazi

Es la campaña de propaganda más infame de la Historia. Las técnicas de persuasión y comunicación como herramientas para el horror y la barbarie. 

 

El régimen nazi por medio del Ministerio para la Ilustración y la Propaganda difundió mensajes por medio de prensa, cine, teatro y radio que incitaban el odio a los judíos.


 

La feroz campaña estaba creada para demonizar a este colectivo y conseguir la conformidad de millones de personas como meros espectadores ante la persecución racial y el asesinato masivo de millones de personas.  

 

Fue tan efectiva la campaña que los nazis cometieron atrocidades con apoyo popular. 

La niña de Kuwait y la Guerra del Golfo

Era 1990. El entonces presidente de Irak, Saddam Hussein invadió Kuwait. En Estados Unidos, el presidente George H. W. Bush da un ultimátum estableciendo un plazo para que las tropas iraquíes se retiren.

 

La opinión pública está dividida, pero la balanza se inclina más a la no intervención, sobre todo porque en la memoria colectiva perduran los recuerdos de la desastrosa Guerra de Vietnam. 

 

Fue entonces cuando una niña kuwaití de 15 años, de nombre Nayira, se presentó en el Congreso y contó un brutal relato en el que aseguraba que había sido testigo, en el hospital en el que era voluntaria, de cómo los soldados iraquíes sacaban a los bebes prematuros de las incubadoras y los dejaban morirse, tirados en el suelo.  El testimonio generó indignación y empezó a convencer a muchos de que era necesario intervenir para desalojar a Saddam de Kuwait. 

 

Sin embargo, nada era cierto. Como desvelaron Amnistía Internacional, Human Rights Watch y algunos periodistas independientes, era un testimonio preparado por una agencia de relaciones públicas estadounidense vinculada a la monarquía kuwaití y la famosa niña, resultó ser la hija del embajador de Kuwait en Washington, Saud Nasir al Sabah. 

La guerra de Irak

 

Tras el 11S y la campaña contra el terror de Estados Unidos en Afganistán, el gobierno de George W. Bush amplia sus objetivos, entre ellos está Irak, una vieja cuenta pendiente para la diplomacia estadounidense.  Las excusas para intervenir en Irak son el potencial del régimen de Saddam Hussein para construir armas de destrucción masiva y la posibilidad de que Irak suministrase este tipo de armas a organizaciones terroristas. Según la Administración Bush, Saddam mantenía vínculos con Al Qaeda.  Sin embargo, se dejan entrever los intereses económicos ocultos de Estados Unidos en la región, el petróleo. 

 

La diplomacia estadounidense asegura que en Irak hay armas de destrucción masiva y que el gobierno de Saddam las mantiene ocultas.  No hay nadie que pueda demostrar la veracidad de semejantes acusaciones. Las Naciones Unidas envía una delegación con los inspectores de armamento de la organización bajo el mando de Hans Blix, pero tampoco encuentran indicios de armas destrucción masiva.  

 

 

 

La Administración Bush llega incluso a citar una serie de artículos The New York Times, de la periodista Judith Miller, publicados entre 2001 y el periodo previo a la invasión; destacando uno de ellos publicado en 2001 sobre un campamento de armas biológicas. 

 

 

El problema es que esos artículos nunca se verificaron, y contienen información errónea sobre armas de destrucción masiva. En el 2004, The New York Times publicaba una disculpa por su reportaje sobre las armas de destrucción masiva explicando que se cometieron errores importantes, que los editores a varios niveles no fiscalizaron a los reporteros ni presionaron por más escepticismo y que se dieron por buenos los testimonios de desertores iraquíes. 

El niño ruso crucificado

 

El canal estatal ruso Channel One emitía el 12 de julio de 2014, varios meses después de la recién estallada guerra en Donbás (este de Ucrania) una entrevista con una refugiada ucraniana, Galyna Pyshnyak, una mujer de Sloviansk (una región del Donbás). En la entrevista esta refugiada daba testimonio de como los soldados rusos ucranianos habían crucificado públicamente a un niño en frente de su madre. Proseguía explicando, que el niño sufrió durante una hora y media, que después murió y que posteriormente fueron a por su madre. 

 

Sin embargo, de nuevo, todo era mentira. No solo no sucedió, sino que la localización no existe. Al menos la plaza Lenin en la ciudad Sloviansk donde se suponen que sucedieron los hechos. Pronto se reveló que la refugiada no era una refugiada, sino la esposa de un militante prorruso.  A pesar de ello, la pieza tuvo un amplio alcance y el gobierno la utilizó como instrumento para justificar la intervención de Rusia en el este de Ucrania. 

El Brexit

Año 2016, el primer ministro británico, el conservador, David Cameron propone un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea para calmar los ánimos dentro del sector euroescéptico de su partido y para evitar una fuga masiva de votos del partido conservador a la ultraderecha radical y euroescéptica.  Se pacta celebrar el referéndum el 23 de junio de 2016.  

 

La campaña comienza en abril y pronto empiezan los cruces de acusaciones entre partidarios de abandonar la UE y los partidarios de permanecer en la Unión. La campaña de los partidarios de abandonar la UE es liderada por Boris Johnson (entonces alcalde de Londres) y Nigel Farage (líder de UKIP) y su campaña de propaganda es mucho más agresiva que la de sus adversarios políticos.  Una propaganda llena de falsedades sobre la Unión Europea y con un fuerte tono y contenido antiinmigración que rozaban la inmoralidad y demostraban una seria falta de ética.

 

Mensajes como estos inundaban las calles del Reino Unido:  "Punto de Ruptura, la UE no has fallado a todos, debemos liberarnos de la UE y recuperar el control de nuestras fronteras”; “Enviamos a la UE 350 millones de libras a la semana. Financiemos nuestro NHS, votemos por salir, recuperemos el control"; "Turquía (76 millones de habitantes) se une a la UE, vota por salir", entre otros.  A pesar de que se demostró que esas afirmaciones no eran ciertas, los mensajes calaron entre la población que estaba cansada del clima político, social y económico del Reino Unido. 

 

La efectividad de los mensajes que apelaban a las emociones y no a la razón, sumado

a que los conservadores consiguieron movilizar un nicho de la población que nunca participaba en las elecciones y nunca era objetivo de campañas políticas, decantó el referéndum de forma ajustada en favor abandonar la Unión Europea.  

 

El 23 de junio de 2016, el 72% de los británicos acudieron a las urnas a votar; y un 52% marcó la casilla a favor de abandonar la UE frente al 48% perdedor que prefería seguir con su futuro unido al Unión Europea. 

 

Dos años más tarde en 2018, se conocería el escándalo de Cambridge Analytica, la firma de consultoría política que recolectó y utilizó de forma inapropiada los datos de 87 millones de usuarios de Facebook (la actual Meta).  

 

 

Lo demás es ya Historia. 

 

Donald Trump lanza acusaciones de fraude  en la noche electoral

5 de noviembre de 2020, noche electoral en los Estados Unidos de América. El presidente Donald Trump se ha presentado a la reelección tras un mandato de cuatro años en los que con sus políticas ha soliviantado a gran parte de la sociedad estadounidenses. Sigue arrastrando las sospechas de las interferencias de Rusia en la campaña electoral de las anteriores elecciones, en las que venció a la candidata demócrata, Hillary Clinton.  Ahora se juega la presidencia de los Estados Unidos contra Joe Biden, el candidato demócrata.  

 

La noche avanza y conforme al escrutinio de los votos va también avanzando se empieza a dilucidar cada vez más la victoria de Joe Biden. Es en eso momento, cuando comienza el esperpento.  Donald Trump comparece desde la Casa Blanca y denuncia fraude en las elecciones, acusando a Joe Biden de querer robar las elecciones. Todo se retransmitía en directo, con todas las televisiones allí presentes, en la sala de prensa de la Casa Blanca.  El disparate siguió escalando hasta el punto de que las cadenas ABC, CBS, MSNBC y la Fox tuvieron que interrumpir o dejar de emitir la intervención del presidente por sugerir sin ningún tipo de pruebas que había un fraude electoral para que Joe Biden ganara las elecciones. 

 

El periodista más serio y contundente fue Terry Moran, presentador de la cadena ABC, que afirmó en directo al interrumpir la intervención del presidente, "esto no es un reality show, sino las elecciones de EE. UU".

 

Meses después, sus reacciones y declaraciones incendiaron el ambiente que motivó el asalto al Congreso de los Estados Unidos, el 6 de enero de 2021.